El Mosquito que amplió los caminos de la transgresión

Debutó en teatro y cine cuando era adolescente, pero Fabio Mosquito Sancineto se convirtió en un impulsor del teatro de la improvisación, y desde hace 30 años dirige una escuela de ese estilo, y es un defensor del arte transgresor

Cuando en 1983 se filmó la película “Los chicos de la guerra”, el director Bebe Kamín, reparó en uno de los jóvenes que encarnaban a uno de los soldados que iban a las islas Malvinas, y lo bautizó de una forma singular: Mosquito.

El mote surgió porque el director vio en este adolescente una imagen simpática: flaco, huesudo, con cierta gracia, muy verborrágico, y que hacía reír con sus salidas. Lo paradójico fue que el personaje original era un muchacho gordo, y la llegada del joven actor le hizo cambiar los planes.

Con sus sueños a cuesta, el apodado Mosquito, en realidad José Fabio Sancineto, ya había iniciado su carrera artística haciendo de mendigo en la obra El Principe Idiota, cuatro años antes, junto a una grande como Inda Ledesma, a quien había llegado recomendado por un amigo de su padre.

Con el tiempo Fabio “Mosquito” Sancineto se fue convirtiendo en un propulsor esencial del teatro de la improvisación, género que fue cultivando tanto en sus incursiones por el Parakultural a mediados de los ‘80, como en el Centro Cultural Rojas, y en la creación de la Escuela de Improvisación que conduce hace casi 30 años, en el Centro Demos, en el barrio de Almagro, donde nació y aún vive.

Locuaz e irónico, no tiene problemas en hablar de su identidad sexual sin impostaciones y en reivindicar una militancia que transmite tanto en lo social y cultural como en la defensa de la diversidad de género y de los derechos tanto de las mayorías como de las minorías, y además de la transgresión en todos los sentidos.

Fabio comenta que “mi papá me transmitió el amor por el arte, ya que él pintaba paisajes, y yo de chico me juntaba con él, y garabateaba a mi modo. Todavía conservo sus cuadros, porque fue un referente“ y acota que “también lo fue mi mamá, que tuvo una vida muy dura, pero la afrontó con mucha fortaleza” y no deja de recordar a su hermano, “que falleció un tiempo atrás, y me transmitió los valores del compromiso social y humano en todos los aspectos”.

Sin ser futbolero, Fabio es hincha de Almagro por herencia familiar (“de chico siempre me llevaban a la cancha y mi tío fue dirigente del club”) y recuerda que mientras estudiaba teatro en el Labarden “trabajé un tiempo como cobrador de un vendedor de libros de la Asociación Cristiana de Jóvenes” y destaca que “tuve una formación religiosa, pero siempre separé lo institucional de los principios cristianos y humanos, que para mí son lo importante”.

Luego de animar durante un par de años fiestas infantiles junto a una amiga (“Teníamos una onda hermosa con los chicos”) Fabio se volcó casi totalmente a la actividad artística. Cuenta que “en los ‘80 trabajé con Ariel Bufano y Adelaida Mangano, hice desde expresión corporal hasta dibujo, canto y mimo, y esto me dio un buen plafond. Aparte, me vinculé a contemporáneos míos que estaban en búsquedas parecidas, con la idea de romper los moldes en muchos aspectos”.

Con respecto al Parakultural, Mosquito asegura que “fue una experiencia enriquecedora, yo admiraba a gente como Urdapilleta, Batato Barea, Tortonese y las Gambas al Ajillo, y con el tiempo llegué a ser amigo de talentosas como Alejandra Flechner, Verónica Llinás o María José Gabín”.

Actor de distintas facetas, Fabio participó en más de una decena de películas, y recuerda especialmente a Jorge Polaco.

“Con él filmé “La dama regresa”, junto a Isabel Sarli, y “Viaje por el cuerpo”, un director tan talentoso como obsesivo, que siempre jugaba al límite”, y rescata también “El delantal de Lilí” y “La chica del Tercero B”, donde trabajé junto a Luis Ziembrowsky, Betiana Blum y Lucrecia Capello. Recientemente Fabio protagonizó el film independiente “Medea”, de Lara Seijas y Caro Nicora, junto a la actriz Ivana Zacharsky.

Improvisación, su género preferido
Tanto en el Parakultural como en Medio Mundo Varieté, Fabio pudo avanzar en la improvisación, el género que más le interesaba. Estudió con Norman Briski, a quien define como “un director que me rompió la cabeza, era exigente pero sacaba lo mejor de cada uno”.

Con el tiempo, Mosquito fue generando personajes propios y señala que “nunca me interesó caer en el estereotipo de lo femenino o de lo gay como una burla, algo que era moneda corriente en una época”.

Fabio recuerda que “la primera vez que interpreté a una mujer fue en el Rojas, dirigido por Daniel Cargenon, y también trabajé en Babilonia, en Palladium, en Ave Porco, generando propuestas bastante poco usuales, y basadas en la improvisación y la interacción con el público”.

Además de estudiar con maestros como Raúl Serrano y Franklin Caicedo, también rescata varios trabajos junto a Pompeyo Audivert, “un gran director, que une al rigor una comprensión y una forma de transmitir lo que quiere muy especial” y recuerda su papel en “La Farsa de los Ausentes” en el Teatro San Martín, así como su actuación en “Antígona” en el Cervantes.

“Debería haber más aliento para el arte”
En los últimos tiempos, Mosquito Sancineto se destacó especialmente en la segunda y exitosa parte de “El Marginal”, en la televisón pública. Sobre esta experiencia señala que “hice el papel de Fabiola, un trans, y lo que más rescato es el respeto y el cuidado con el que se trabajó”.

Tras destacar “el clima de solidaridad y buena onda que se generó, sentí que todo funcionaba muy bien, y de algún modo pude sentir que estoy más preparado para hacer TV, un medio que no había transitado tanto” y anticipa que “ya estamos trabajando para la tercera parte de la serie” prevista para el próximo año.

Actualmente, Fabio ensaya en el Centro Cultural de la Cooperación la obra “Tragaperras”, un unipersonal en el que interpreta a dos figuras femeninas y una masculina, y antes de fin de año presentará en Paraná una obra con un elenco de improvisadores de Entre Ríos, con apoyo de Cultura de la provincia.

Mosquito reflexiona que “me siento contento con mi carrera y pudiendo transmitir lo que pude aprender, sobre todo en el área de la improvisación. A veces siento que en este país hay postergaciones porque no hay fondos suficientes para la cultura, varias salas debieron cerrar y creo que debería haber más aliento a todo el arte”.

Como docente, Fabio se encuentra muy satisfecho de su escuela de Improvisación, y señala que “muchos se engancharon, y lo que tiendo es a la integración, a unir al que es trans con el que no, y a integrar a quienes tienen alguna discapacidad, creo que hay que romper esas barreras”.

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